puta del ort0

señor, me has mirado a los ojos. sonriendo, has dicho mi nombre.

Monday, September 10, 2007

 

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Si você disser que eu desafino amor...

La mar en coche. “Creo es la mejor definición para este año”- pienso, mientras dejo en el piso una caja de Pommery que me estaba pinchando una costilla. Aúa! Porque apareció en casa a las 3 AM, directo de EZE y con un Collection Voyage de J’Adore y unos Pommery (inentendibles, porque ya toda la Cap. Fed y alrededores sabe que no pruebo el alcohol. Se lo dejamos pasar, estaría un poco dormido).
El por qué apareció, o mejor dicho, por qué dejé que apareciera (casi) un perfecto extraño a quedarse en mi casa, es tema a tratar con Monique el martes, a 70 pesitos la hora. –Saladix-.
¿Por qué? Si me gusta otro, si este fin de semana tenía ganas de descansar, si no tenía ganas de hacer de guía turística, si no da, si me da cosa, si me da un ataque de culpa digna de mi educación franciscana, y si ya le había aclarado todo lo anteriomente enumerado. Justamente creo le pasé mi dirección por eso: ando con muchas ganas de meterme en chinazos, en kanjis indescrifrables, en situaciones que claramente no-dan.

N. es lindo. Seguramente era mucho más lindo hace unos tres añitos. Ni dos, ni cuatro. Tres. Estoy casi convencida de que existen años normales y años aplanadora. Esos que caen en casillero “triplica puntos”, pero de años, y se va todo a la mierda. N. No es mi tipo. (Pero a esta altura, ¿estoy en condiciones de decir cuál es mi tipo? Definitivamente no, señora. No lo está. Así que cállese y siga tipeando).
N. es atento. Es un lord. Bah, es un cachafaz, pero a classy one. Un lord of the rings. Un señor que no tiene problema en llegar del Sheraton de Rio a un 2 AMB interno con un toque de olor a perro, y decir que es hermoso, que no necesita más espacio. N. sabe de mujeres. N. sabe mucho y a la vez no sabe nada. N. me dice que me quiere y sabe que yo no. N. se tomó un avión al pedo. Lo intuye.
Pero N. confía. Sabe lo que hace. Por eso cuando me llama tipo siete a clase, me dice:
“Tengo una amiga acá, vayamos a comer con ella”.
What? Bizarro. Lo que faltaba. De repente me veo envuelta en un triángulo amoroso inexistente. Era notable que su amiga A, recién divorciada, se lo quería fellatiar in situ. A. seguramente fue preciosa hace 10 años, pero la vida le pasó encima con un Scania, manejado por el Diego.
A. no paraba de contar (y cuando digo no paraba, es porque lo contó unas seis veces) que N. le venía diciendo hace millllllllll que venía a BA.
Ahí entendí todo. N. tenía otra picando por ahí, a la cual descartó olímpicamente por “una más joven” (eu), como se encargó de blanquearme más luego.
En cuanto N. se fue al baño, temí lo peor. Esta mina era re border, y me iba a hacer un planteo digno de Esther Goris on crack. Pero no: “Mirá, yo lo quiero. Es un divine. Pero no es mi estilo. Por lo que veo hasta ahora, y lo que te pude sacar la ficha, tampoco es el tuyo. Vos sos más relax, más alterna... (“alterna????!!!” Oh por dios!!) Por mi, te lo dejo. En bandeja y todo. Yo soy más rocker. Y él está demasiado peinado”. Carcajadas surtidas, Porque A. sobria era o mais. Pero regalada con moño de coté a lo hellokitty y on cocaine, A. era lo less. Eso sólo le queda bien a Kate Moss. Apuntámelo, amor.
En este momento pude vislumbrar que este relato iba a estar bueno. Y lo empecé a escribir mentalmente. Con puntos, comas; y puntos y aparte.
No entiendo cómo, terminamos en Kim.
Random Uno se apropincua a la escena wongkarweinesca, y me pregunta:

- ¿Vos estás con él?
- No.
- ¿Y con quién estás entonces?
- Estoy conmigo.

Más luego comienzo a hablar con N. sobre la vida. Esas charlas, sehh. Donde uno le dice a gente que no, todo eso que es inconfesable hasta para uno mismo. Donde se deslizan frases como: “i am not trying to find my significant other. I’ll just happy if I find my no insignificant one”.
Oh, lo que faltaba! Cheesy deep thoughts!
N. me contaba sus planes de vida. No eran muy claros. Tampoco más claros que los míos. Break Point de la noche. N. me hace un planteo border: quiere darme plata para ayudarme a financiar mi Señor Viaje de fin de año. “I want to sponsor you”. Por primera vez la palabra “jinetera” viene a mi cabeza. Un hallazgo, realmente. Jinetera! Me cago de risa ante mi catastrófico labeleo de mi persona, y le digo que muchas gracias, que si no me dieran las cuentas no me movería de mi casa, que no se preocupe. Asunto aclarado. No se habla más del tema.
A. iba y venía. Estaba zarpada. Se había clavado no sé qué cosa más ahora. No entiendo mucho de esas cosas. Lo que sí entendía es que cada vez se le notaba más su base Vichy, que era dos colores menos de lo que debería usar, dejando sus poros al descubierto. Es Sand, no Natural. Sabelo para la próxima. Me planteé toda la noche “¿terminaré como A.? Nah, sola pude ser. Pero Indio Solari, no. Siempre Liz”. A. Se sentía rechazada. Afuera. Desplazada. Y su problema era yo. Por más de que hayamos aclarado los tantos, a nadie le gusta perder. Y menos con alguien quince años menor. Mientras yo hablaba de política latinoamericana, A. traía Coronas nonstop. Con ganas de partirme alguna por la cabeza, seguramente. Y yo, con ganas de ganar la competencia. Obvio. El que inventó la frase “lo importante es competir”, es un mequetrefe y lo hizo sólo para quedar bien con alguna mina. No importaba cómo, ni por qué. Estaba adentro de “The batchelor”, y ahora quería la rosa sí o sí. No tenía que hacer mucho. N. ya había elegido. Pero no era mi tipo. Y él lo sabía. A ver, tiene mucha plata, es generoso, culto, culo inquieto, divertido. Pero no. No y no. Sería “el candidato, nena! Un bombón! Qué ésperás!”, según cualquier Carolina tetona.
Pero a mi me gusta dos. Uno más que otro. Y nunca defino cuál me gusta más que el otro. Igual son el horror hecho prospect, ambos dos.
Los N.’s nunca tienen lugar en mi vida. Por ser demasiado perfectos. Por dejar tan poco librado al azar. Por ser tan Lord... Cheselines.
Finalmente, ya no pudimos seguirle el ritmo y dejamos Indio Solari a A. Nos fuimos a dormir. De la mano, esta vez. No se sintió mal. Sólo raro, pero a esta altura la rareza era un lugar común.
Y sólo para darle un buen final a todo esto: al fin de semana, al ticket ida y vuelta, al premio remo, a este relato: y bue, seh. Terminó pasando algo. A veces es más difícil explicar por qué no, que hacerlo. Y un poco porque Lord Cheseline se lo había ganado.
Una vez más, este podría haber sido un relato digno de Marguerite Duras.
Pero no. Sigue siendo digno de Margarito Tereré.

Eu posso apenas o que Deus me deu...





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